12 diciembre, 2017

Neocolonialismo: desde los esclavos de la plata al oro de nuestros días - Jérôme Duval




El Salto – 04/12/2017

El saqueo de materias primas, que arrancó con la invasión española, continúa todavía en la actualidad en las colonias y excolonias y en detrimento de la ciudadanía y el medio ambiente.
Como consecuencia de los viajes de Cristóbal Colón, la invasión española devasta reinos y regiones enteras, despoblándolas y quemándolas. Los indios sin embargo acogen a los cristianos de la mejor manera que pueden, a menudo ofreciéndoles hospedaje, comida y cantidades de oro. Por su parte los colonos españoles propagan casi sistemáticamente el miedo, masacran, torturan o queman a los indios desde el comienzo para asegurar su dominio y facilitar su colonización.
Bartolomé de las Casas, uno de los pocos en denunciar este exterminio, contemporáneo de los hechos, describirá el horror con que estos tiranos diezmaban a las poblaciones originarias. Las grandes potencias coloniales, Portugal, Francia, España, Reino Unido, Holanda y Bélgica principalmente, provocaron la muerte de una gran parte de poblaciones autóctonas de las Américas, de Asia y de África con el fin de extraer sus recursos naturales, plata y oro en primer lugar, explotarlos y sacar de ellos el máximo beneficio.

Miles de millones de onzas de plata
El año 1545, el descubrimiento de Potosí, una enorme mina de plata de la actual Bolivia (que entonces pertenecía a Perú), marca el comienzo de la expropiación de riquezas del subsuelo latinoamericano. Hacia 1571, se comenzó a utilizar el mercurio para amalgamar el oro y aumentar su extracción. En 1572, Francisco de Toledo, quinto virrey del Perú, ensanchó las calles, inició la construcción de la iglesia de la Matriz y de la Casa de la Moneda donde, desde 1574, se acuñaba el metal en moneda.
La ciudad de Potosí albergaba el yacimiento más importante del mundo en el interior del Cerro Rico, rebosante de plata, y su desarrollo es fulgurante. “Dieciocho meses después de su fundación, cuenta con 14.000 habitantes y veinte años más tarde 100.000; en el siglo XVII, albergará 160.000, y será entonces, con México, la ciudad más grande de América”, explica Fernand Braudel en su libro Del Potosí a Buenos Aires: una ruta clandestina de la plata.  Efectivamente, en su apogeo, hacia 1580, Potosí, a pesar de la dureza de sus condiciones climáticas, cuenta con más habitantes que Madrid, Sevilla o Roma. Se convierte en la ciudad más poblada del “Nuevo Mundo" y la más opulenta de la región, cuenta con 36 iglesias, muchos teatros y escuelas de danza, cantidad de casas de juego y mansiones suntuosas pertenecientes a los ricos colonos españoles.
Miles de millones de onzas de plata se extraen gracias a los trabajos forzados bajo la colonización española. Millares de esclavos africanos son llevados a la fuerza a las minas para reemplazar y compensar la pérdida de otros tantos indígenas muertos en su trabajo. La extorsión de esta plata sirvió para reforzar el tesoro del emperador Carlos V (Carlos I, rey de España) para alimentar las arcas del Reino de España para financiar sus guerras y, más allá de Europa, para el desarrollo del comercio con la zona más desarrollada de la época, Asia.
La moneda producida por el trabajo de los esclavos en Potosí contribuyó al desarrollo del capitalismo y de la revolución industrial. Pero ¿a qué precio? “Cada peso acuñado en Potosí ha costado la vida de diez indios, muertos en el fondo de las minas”, escribía Fray Antonio de la Calancha en 1638. ¿Qué ha sucedido con la enorme cantidad de plata extraída de las minas de Potosí, con el sudor de los mineros-esclavos amerindios y africanos cuando vemos hoy el estado de pobreza de la ciudad del mismo nombre?
Es por tanto muy razonable afirmar que la expropiación de recursos y el comercio que le siguió con la colonización están en buena parte en el origen de la riqueza actual de las potencias coloniales. Por no dar más que un ejemplo, Bruselas no sería lo que hoy es sin el saqueo realizado en el Congo belga. Además de la explotación de la fuerza de trabajo esclavista y la colosal fortuna de los metales preciosos obtenido, particularmente oro y plata, los europeos no hubieran tenido acceso a la seda y al algodón, a la técnica del vidrio soplado, al cultivo del arroz, así como a la de la patata, al tomate, al maíz, tabaco, pimiento, cacao de América, tan rápidamente sin la empresa devastadora de la colonización.

El oro en detrimento de lo humano y su entorno
El saqueo de materias primas continúa todavía en la actualidad en las colonias y excolonias: En Arlit, en el norte de Níger, Areva explota el uranio desde 1976. A día de hoy, una buena parte de esta región, barrida por las tempestades de arena, está contaminada.
“La Tierra es nuestra madre, el oro su corazón. Si se le arranca, muere”, resumía Aïkumalé Alemin, amerindio wayana de la región del Alto-Maroni. El mercurio utilizado por los buscadores de oro en Guayana francesa envenena a las poblaciones amerindias que viven en el bosque tropical guayanés. Efectivamente, los amerindios están contaminados por el pescado que constituye gran parte de su alimentación. “Numerosos estudios científicos realizados sobre los indios Wayana han confirmado que el nivel de mercurio es hasta dos veces superior al límite fijado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Si no se toman medidas a corto plazo, vamos hacia una forma de genocidio”, denunciaba en 2014 Jean-Pierre Havard, responsable de “Solidaridad Guayana”.
Con salarios de miseria, tres toneladas de oro se extraen cada año de Guayana Francesa con peligros para la salud de las poblaciones autóctonas y de su medio ambiente. En total diez etnias estarían amenazadas de envenenamiento con mercurio en los países de la región. En Perú, la contaminación por mercurio en las aguas de los ríos amazónicos, producida por los buscadores ilegales, se extiende más allá de las zonas de explotación aurífera. En el caso de la comunidad Nahua, que se encuentra en la región de Ucayali, en el este de Perú, el consumo de un pez conocido como el Mota Punteada (Calophysus macropterus) por su nombre local, cuyo organismo es capaz de acumular el mercurio presente en el entorno, constituye la causa de esta contaminación que provoca particularmente problemas renales serios y casos de anemia.
Según el ministerio peruano de Medio Ambiente, 40 toneladas de mercurio son depositadas cada año en las aguas de la Amazonia peruana por los buscadores ilegales de oro. ¿Se reconocerá algún día la contaminación de las tierras y los ríos como una deuda ecológica, cuyos acreedores son los pueblos autóctonos?

Me lo creo todo - Jesús Lizano




Yo me lo creo todo,
como hombre bien nacido:
que aquel era mi padre
—quién sabe
quién era su padre—,
que este es mi amigo
—y quién era su amigo—,
que mi madre era mi madre,
que mi hijo es mi hijo
—quién sabe—.

Me lo creo, me lo creo:
que cumplo con el deber
cuando sacrifico
mi tiempo, mi pensar,
mis sentidos
para que a todos nos domine
el orden establecido
—quién sabe
quién lo ha establecido—,
que mi madre me torturaba
por mi bien, que por mi bien
moriré, especie de malditos.
Que éste es una autoridad,
que aquél es un obispo
—qué es un obispo—.

Me lo creo, me lo creo,
me trago
todo el bolo alimenticio.

Aplaudo todas las leyes,
me creo todos los mitos,
que estoy lleno de mierda
y los demás están limpios.

Me creo todas las órdenes,
todos los desatinos,
la historia entera me creo
—la historia de los asesinos—.

¡Ay, verdad, ay, quién te ve
y quién —ay— te ha visto!

Me lo creo, me lo creo:
decidme lo que queráis
de los griegos, de los ingleses,
de los turcos, de los indios.
Cumplo con el primer deber
de todo bien nacido
en esta especie de monstruos:
engañarme a mí mismo.
 

06 diciembre, 2017

Los seres humanos ciegos al inminente colapso – William E. Rees

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TheTyee.ca - 16/11/2017

(traducción: arrezafe)

Una cosa curiosa del homo sapiens es que somos lo suficientemente inteligentes como para documentar, con exquisito detalle, varias tendencias que presagian el colapso de la civilización moderna, pero no lo suficientemente inteligentes como para librarnos de nuestra situación autoinducida.

Esto se puso de relieve una vez más en octubre, cuando los científicos informaron que las poblaciones de insectos voladores en Alemania han disminuido en un alarmante 75 por ciento en las últimas tres décadas, acompañadas, en los últimos doce años, por una disminución del 15 por ciento en las poblaciones de aves . Las tendencias son similares en otras partes de Europa donde los datos están disponibles. Incluso en Canadá, todo, desde la casual observación de los parabrisas, hasta las evaluaciones científicas formales, muestran una caída en el número de insectos. Mientras tanto, las poblaciones domésticas de muchas aves que comen insectos están en caída libre. Ontario ha perdido la mitad de sus pájaros carpinteros en los últimos 20 años. En todo el país, especies como halcones nocturnos, golondrinas, martín pescador y atrapamoscas han disminuido hasta en un 75 por ciento. Las golondrinas del Gran Vancouver se han reducido en un 98 por ciento desde 1970. ¿Oímos algo sobre todo esto en las principales noticias?

Mal, muy mal. La pérdida de la biodiversidad, que puede convertirse en la pesadilla del siglo, es causada por muchos factores individuales, pero que interactúan: la pérdida de hábitat, el cambio climático, el uso intensivo de plaguicidas y varias formas de contaminación industrial, por ejemplo, suprimen las poblaciones de insectos y aves. Pero el motivo general es lo que un ecologista podría llamar el "desplazamiento competitivo" de la vida no humana por el crecimiento inexorable de la actividad humana.

En un planeta limitado, donde millones de especies comparten el mismo espacio y dependen de los mismos productos finitos de la fotosíntesis, la expansión continua de una especie conduce necesariamente a la contracción y extinción de otras. (Políticos, tomen nota: siempre hay un conflicto entre población humana / expansión económica y la "protección del medio ambiente").

¿Se acuerdan de los 40 a 60 millones de bisontes que solían vagar por las grandes llanuras de América del Norte? Ellos, junto con los millones de ciervos, berrendos, lobos y bestias menores que una vez animaron los ecosistemas de las praderas, han sido "competitivamente desplazados", y sus hábitats han sido tomados por una biomasa mucho mayor de humanos, ganado, cerdos y ovejas. Y no sólo en las soleadas Grandes Llanuras de Norte América, también por los millones de ganaderos en todo el mundo que dependen, en parte, de las exportaciones de cereales, aceite de semillas, leguminosas y carne de Norte América.

El desplazamiento competitivo se ha venido produciendo durante mucho tiempo. Los científicos estiman que en los albores de la agricultura, hace 10.000 años, el homo sapiens representaba menos del uno por ciento del peso total de los mamíferos en el planeta. (Probablemente sólo había de dos a cuatro millones de personas en la Tierra en ese momento). Desde entonces, los humanos han crecido hasta representar el 35 por ciento de una biomasa total mucho más grande; la tasa de animales domésticos y la dominación humana de la biomasa de mamíferos del mundo se eleva al 98.5 por ciento!

No se necesita buscar más para explicar por qué las poblaciones silvestres se han desplomado a nivel mundial en casi un 60 por ciento en el último medio siglo. Los tigres salvajes han sido expulsados ​​del 93 por ciento de su habitat histórico y su población se ha reducido a menos de 4.000 en todo el mundo; los elefantes africanos ha menguado hasta en un 95 por ciento, estimándose en sólo 500.000 en la actualidad; la caza furtiva arrojó cifras sobre el rinoceronte negro: de los ya escasos 70.000 en 1960 a sólo 2.500 a principios de los años noventa. (Con un intenso esfuerzo de conservación, se han recuperado desde entonces alrededor de 5.000). Y aquellos que piensan que Canadá todavía es una zona silvestre, prístina y poco poblada deberían repensarlo: la mitad de las especies silvestres regularmente monitoreadas en este país están en declive, con una caída promedio de la población del 83 por ciento desde 1970. ¿Mencioné que la población de orcas residente al sur de British Columbia es de tan sólo 76 animales? Eso se debe, en parte, a que los pescadores han alejado a las orcas de su alimento favorito, el salmón Chinook que, a su vez, ha sido desplazado de sus arroyos de desove a través de represas hidroeléctricas, contaminación y urbanización.

La historia es similar para especies familiares en todas partes y probablemente peor para la fauna no carismática. Los científicos estiman que la "moderna" tasa de extinción de especies es de 1.000 a 10.000 veces la tasa de fondo natural. La economía mundial está afanosamente ocupada convirtiendo la naturaleza viviente en cuerpos humanos y ganado doméstico, algo que pasa desapercibido a nuestras poblaciones, cada vez más urbanas. La urbanización aleja a las personas tanto psicológicamente como espacialmente de los ecosistemas que las respaldan.

Puede que el carro de la masa humana comenzara a rodar hace 10 milenios, pero en los dos últimos siglos de crecimiento exponencial ha acelerado extraordinariamente el ritmo del cambio. Tomó toda la historia de la humanidad, digamos 200.000 años, para que nuestra población alcanzara los mil millones a principios del siglo XIX, pero sólo 200 años, 1/1000 de tiempo, para alcanzar los 7.600 millones de hoy. Mientras tanto, la demanda de materia prima en el planeta se ha elevado aún más: el PIB mundial se ha multiplicado por más de 100 desde 1800, y el promedio de ingresos per cápita en un índice de 13 (aumentando a 25 en los países más ricos ). En consecuencia, el consumo se ha disparado y la mitad de los combustibles fósiles y muchos otros recursos utilizados por los humanos se han consumido en los últimos 40 años. (Ver gráficos)


¿Por qué es importante esto, incluso para aquellos a quienes realmente no les importa la naturaleza en sí ? Además de la infamia moral asociada con la extinción de miles de otras formas de vida, existen razones puramente egoístas para preocuparse. Por ejemplo, dependiendo de la zona climática, entre el 78% y el 94% de las plantas con flores, incluidas muchas especies de alimentos para humanos, son polinizadas por insectos, pájaros e incluso murciélagos. (Los murciélagos, también en apuros en muchos lugares, son los polinizadores principales o exclusivos de 500 especies en al menos 67 familias de plantas). Hasta un 35% de la producción mundial de cultivos depende más o menos de la polinización animal, lo que garantiza o aumenta la producción de 87 cultivos alimentarios líderes en todo el mundo.

Pero hay una razón más profunda para temer el agotamiento y la despoblación de la naturaleza. En ausencia de vida, el planeta Tierra es sólo una roca húmeda intrascendente con una atmósfera venenosa que gira inútilmente alrededor de una estrella ordinaria en las orillas extremas de una galaxia irrelevante. Es la vida misma, comenzando con innumerables especies de microbios, la que gradualmente generó el "ambiente" adecuado para la vida en la Tierra tal como la conocemos. Los procesos biológicos son responsables del equilibrio químico favorable a la vida de los océanos; las bacterias fotosintéticas y las plantas verdes han almacenado y mantienen la atmósfera de la Tierra con el oxígeno necesario para la evolución de los animales; la misma fotosíntesis extrajo gradualmente miles de millones de toneladas de carbono de la atmósfera, almacenándolas en cretas, piedra caliza y depósitos de combustibles fósiles, de modo que la temperatura promedio de la Tierra (actualmente alrededor de 15º C) ha permanecido para edades geológicas en la estrecha franja que hace posible la vida basada en agua, incluso cuando el sol se ha estado calentando (es decir, que el clima estable es parcialmente un fenómeno biológico); innumerables especies de bacterias, hongos y una verdadera colección de micro-fauna regeneran continuamente los suelos que cultivan nuestros alimentos. (Desdichadamente, el agotamiento por la agricultura es incluso más rápido. Según algunas versiones, nos queda, tan sólo, poco más de medio siglo de tierra cultivable).

En resumen, el homo sapiens depende completamente de una rica diversidad de formas de vida destinadas a proporcionar multitud de funciones básicas, esenciales para la existencia y supervivencia de la civilización humana. Con una gran crisis mundial sin precedentes, inducida por los humanos, ¿qué posibilidades hay de que la integridad funcional de la ecosfera sobreviva a la próxima duplicación del consumo material que todos esperan antes de mediados de siglo?

Esta es la cuestión: el cambio climático no es la única sombra que oscurece la puerta de la humanidad. Si bien no lo sabréis por los medios de comunicación dominantes, la pérdida de biodiversidad podría suponer una amenaza sobre la existencia misma de la humanidad. Mientras pensamos en ello, agreguemos a la mezcla la degradación del suelo y del paisaje, la posible escasez de alimentos, de energía y de otros recursos. Y si crees que probablemente podremos "manejar" cuatro de cada cinco de estos problemas ambientales, no importa. La pertinente versión de la ley de Liebig establece que, cualquier sistema complejo que dependa de varios insumos esenciales puede ser eliminado por ese único factor de menor suministro (y aún no hemos abordado los riesgos adicionales planteados por la agitación geopolítica que inevitablemente seguiría a la desestabilización ecológica).

Lo cual plantea preguntas que, por supuesto, van más allá del mero interés académico. ¿Por qué no estamos colectivamente aterrados o al menos alarmados? Si nuestra mejor ciencia sugiere que estamos camino al colapso de los sistemas, ¿por qué el colapso y cómo evitarlo no son los temas principales del discurso político internacional? ¿Por qué la comunidad mundial no participa en un debate urgente y comprometido sobre las iniciativas disponibles y los mecanismos institucionales transnacionales que podrían ayudar a restablecer el equilibrio en la relación entre los seres humanos y el resto de la naturaleza?

Hay muchas opciones políticas, desde simples impuestos al consumo, pasando por iniciativas populares de planificación integral para una economía sostenible, hasta una educación general que propicie cambios voluntarios en el estilo de vida, todo lo cual mejoraría las perspectivas de la sociedad mundial para la supervivencia a largo plazo. Cualidades humanas únicas, desde una inteligencia consciente (por ejemplo, razonar a partir de la evidencia), la capacidad de planificar con anticipación, hasta la conciencia moral, son requisitos indispensables para la tarea, pero permanecen inactivas: hay pocos indicios de voluntad política para reconocer el problema y mucho menos para elaborar soluciones genuinas (que el acuerdo climático de París no contempla).

¿Conclusión? El mundo parece negar el inminente desastre; la palabra "C" [¿capitalismo?] permanece silenciada. Todos los gobiernos desestimaron la advertencia (1992) de los científicos a la Humanidad, según la cual, "se requiere un gran cambio en nuestra administración de la Tierra y de la vida en ella, si se quiere evitar la gran miseria humana", e ignorarán de manera similar la "segunda" (Publicada el 13 de noviembre de 2017, esta advertencia afirma que la mayoría de las tendencias negativas identificadas 25 años antes "están empeorando"). 

A pesar de la cascada de evidencias y el análisis detallado de lo contrario, la comunidad mundial, como si de su santo grial contemporáneo se tratara, proclama que el "crecimiento-somos-nosotros". Incluso los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas se basan en la expansión económica como único martillo para cada problemático clavo. Mientras tanto, los gases de efecto invernadero alcanzan niveles máximos históricos, las zonas muertas marinas proliferan, los bosques tropicales caen y las extinciones se aceleran.

¿Qué está pasando aquí? La explicación completa de este enigma humano y potencialmente fatal es sin duda compleja, pero Herman Melville lo resumió bastante bien en su Moby Dick : "No hay locura de las bestias de la tierra que no sea infinitamente superada por la locura de los hombres".

05 diciembre, 2017

“Solo los necios y los canallas pueden seguir diciendo que en España vivimos en democracia” - Carlo Frabetti // El nacionalismo español - Francisco García Cediel


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El nacionalismo españolFrancisco García Cediel

La Haine04/12/2017


Desde los albores del siglo XIX los intentos de configurar un nacionalismo español han chocado con la desafección de las capas populares hacia una idea abanderada por una oligarquía asentada primero en un agonizante colonialismo, siempre en una explotación cuasi medieval sobre un campesinado crónicamente hambriento, y más tarde con el fracaso en cuanto a la incapacidad de asentar una dominación capitalista que favoreciera el desarrollo de las fuerzas productivas, debido a la resistencia feroz de unas capas dominantes parasitarias formadas por encomenderos y burócratas.

El intento de crear un marco ideológico basado al menos parcialmente en las ideas de la Ilustración con la Constitución de Cádiz de 1812, fue abortado por el “vivan las cadenas” de Fernando VII, la invasión de los cien mil hijos de San Luis y la muerte de Riego en el cadalso; surgían las “dos Españas” a las que Antonio Machado aludiría un siglo después.

Los sectores del pueblo se articularon en torno a las ideas de liberación social a fines del siglo XIX, frente a lo cual la represión fue la única respuesta por parte del poder.

El paulatino desarrollo en algunas zonas del territorio estatal de una burguesía ligada en gran medida a inversiones extranjeras y su pacto con la oligarquía terrateniente no modificó el desdén por parte del campesinado y un incipiente proletariado hacia un españolismo de bandera y fusil, represor hacia el pueblo pero genuflexo ante el capitalista extranjero. A falta de otro recurso, la burguesía echó mano al pistolerismo para luchar contra el movimiento obrero, eliminando a sus líderes.

El nacionalismo español ha ido a lo largo de generaciones una ideología de orden público, cuyo depositario ha sido tradicionalmente el ejército, al que se encomienda reprimir mediante consejos de guerra la protesta social, y especializado en ganar guerras contra su propio pueblo.



La eclosión de la conciencia nacional fundamentalmente en Catalunya y Euskal Herría supone que las fuerzas armadas asuman también la tarea de asegurar la unidad del Estado como marco de dominación de clase: Opresión social y nacional cuyo penúltimo episodio decisivo fue el golpe de estado de 1936. La victoria fascista de 1939 y la posterior represión significaron, en lo que nos ocupa, el entierro de los intentos de configurar una españolidad alternativa en el periodo republicano, basada en valores de desarrollo económico, social y cultural, similar a la ideología nacionalista francesa (con independencia de que la idea nacionalista francesa, basada en los principios de libertad, igualdad y fraternidad, sean finalmente también un mecanismo de legitimación ideológica de un chovinismo basado en el colonialismo primero y la explotación imperialista neocolonial después). Los últimos rescoldos de esa idea alternativa de “lo español” se apagaron cuando se arrió definitivamente la bandea tricolor del patio del Colegio para descendientes de españoles de Morelia (México), frente a la cual se cantaba el Himno de Riego hasta muy avanzados los años 80 del pasado siglo.

La consolidación de la llamada transición española y la asunción, por las fuerzas sociales y políticas de la entonces oposición, de la reforma, no consiguió que a nivel popular la simbología, bandera e himno de las tropas de Franco, impuestas como supuestamente comunes, dejaran de sonar como algo “de fachas”, representación además de un nacionalismo casposo con reminiscencias autoritarias, machistas y taurinas, incapaces por tanto de suscitar entusiasmo por parte de quienes veníamos de la “anti-España, según la terminología franquista.

Y tal sentimiento de desapego ha persistido en las últimas décadas pese a que el poder ha intentado reforzar el sentimiento españolista aprovechando los periodos de relativa bonanza económica, producto de la integración estatal en el marco imperialista de la Unión Europea, y con la burda utilización de los éxitos deportivos para intentar alimentar un orgullo de lo español que sirviera de amortiguador de las tensiones sociales propias de la explotación capitalista.

En el campo de las ideas, se ha utilizado profusamente el pensamiento idealista de Ortega y Gasset (que se parece sospechosamente a la de José Antonio Primo de Rivera), basado en un planteamiento idealista de nación, entendida como pensamiento etéreo (Ortega y Gasset, en su obra «La rebelión de las masas» (1931), señala “Convivir en soberanía implica la voluntad radical y sin reservas de formar una comunidad de destino histórico, la inquebrantable resolución de decidir juntos en última instancia todo lo que se decida... Una amenaza a la soberanía unida, o que deje infectada su raíz, es el camino por el que iríamos derechos y rápidos a una catástrofe nacional”), sin que tales apelaciones hayan calado significativamente hasta hace muy poco tiempo.

Por otra parte, no es extraño que la crisis de superproducción cuya fase más aguda arranca de 2007 hiciera aflorar la cuestión de las naciones oprimidas, resuelta en falso por la llamada transición. Las tendencias centrífugas se hacen inevitables ante el fracaso de un proyecto económico y político endeble. En ese marco debemos situar el proceso catalán.

Paradójicamente (o tal vez no), asistimos en estos días al aparente triunfo del más rancio españolismo, de tal modo que muchas ciudades, barrios y pueblos parecen inmensos cuarteles de la Guardia Civil, con banderas borbónicas colgadas de muchos de sus balcones. En las conversaciones cotidianas, cuando sale el tema de Catalunya, personas que no esperabas esgrimen ramplones argumentos sobre la supuesta insolidaridad del pueblo catalán.



Y es que el discurso del poder se ha apropiado del término solidaridad, hasta hace nada patrimonio de nuestra clase, para utilizarlo como arma arrojadiza contra el pueblo de Catalunya, de tal modo que es un ejercicio de solidaridad aplaudir cuando la policía les apalea y los tribunales les encarcelan.

Para llegar a tal estado de cosas, la mayoría de la llamada izquierda ha actuado como cooperadores necesarios alineándose en defensa de la unidad, tal vez para ocultar sus vergüenzas por el papelón que desempeñaron en la transición, o porque han renunciado (eso no es nuevo tampoco) a levantar un proyecto ilusionante de transformación social. Las apelaciones en ese sentido a la unidad de clase suenan huecas si se pretende al parecer la unidad en la explotación.

Desde las más burdas actuaciones, como por ejemplo participar entusiásticamente en movilizaciones defendiendo la españolidad de Catalunya codo con codo con el fascismo más rampante, a cambio de obtener una tribuna donde exponer miserias patéticas, hasta las más sutiles pero igualmente hipócritas apelaciones a un supuesto internacionalismo superador, como si éste no supusiera también hermanarse con la clase trabajadora de Tanger o de la India, al final todos estos supuestos alternativos reman a favor de corriente con la oligarquía española y la cabra de la Legión.



El sector de Podemos y sus convergencias, incómodo ante un escenario ni previsto ni deseado, afirma que pretende un referéndum “legal y pactado” en Catalunya, que además de una idea ilusoria supone el alineamiento en defensa de la legalidad vigente.

Cantaba Luis Eduardo Aute en una canción de la transición que “la inteligencia es un grano de pus cuando el fin último de la razón está en ser fiel a una Constitución”.

En términos de legitimidad y no de legalidad hemos de abordar la cuestión catalana; por muchas reservas que se puedan tener respecto a algunos de los actores de este proceso, la clase trabajadora debe defender en lo concreto el derecho democrático a la autodeterminación, como paso necesario hacia la solidaridad y hermandad de clase.

Tal vez lo que haya que cuestionar no sea el proceso catalán, sino el papel de las organizaciones de la ¿izquierda? Españolista, que muestran por enésima vez su inoperancia ante las agresiones que cotidianamente sufre la clase trabajadora independientemente de su origen nacional. Para ello, se hace ya urgente crear instrumentos transformadores, organizarse para vencer y, como decía una pancarta en las movilizaciones en Madrid en apoyo a Catalunya: Tirar fuerte para que caiga la estaca.



04 diciembre, 2017

DESINFORMACIÓN (...o más)


A mediados de noviembre Cospedal se comió esta broma a cuenta de la supuesta trama de espionaje “del Kremlin” conspiteoría que El País llevaba meses alimentando.


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Apenas una semana después, el 23 de noviembre, el preparao suelta una de las primeras pistas de por dónde van a ir los tiros.


Y al final pasó lo que suele pasar,  Cospedal aprovechó la coyuntura de que el relato del enemigo exterior se repite con éxito en los altavoces de la prensa concertada para inventarse una amenaza a la democracia, nada menos.

“Voy a proponer a la Comisión de Defensa del Congreso la creación de un grupo de trabajo que reúna a diputados y editores de los principales medios de comunicación para estudiar a fondo la amenaza de la desinformación contra nuestra democracia”.

Cospedal dice esto el 30 de noviembre con el cartelón del diario La Razón de fondo. Otro metachiste.

Cuando Trump empezó a hablar de “Fake News” (término posmodernazo por excelencia) la prensa internacional (también la patria) hizo frente común en contra. Ahora es nuestro Gobierno es el que habla de “Feik Nius”. Apuesto algún órgano vital a que la reacción no será la misma.

Sin perder ni 25 horas, El País titula al día siguiente en portada: “Desinformación en Internet: nueva amenaza a la seguridad“, señalando a Internet a bulto (algo muy de la casa)


Pero sin olvidar al Kremlin, claro, que aparece en el primer párrafo.


Resulta que un  documento político-estratégico de 128 páginas (que tampoco he podido encontrar) sirve de “marco de referencia para la política de Seguridad Nacional”.

En ese texto se alerta de “un incremento de las agresiones de servicios de inteligencia extranjeros” y aunque no parece apuntar directamente “al Kremlin” se mueve entre un  paquete de amenazas tan dispares que van desde el terrorismo, el espionaje o la sequía y  donde la “desinformación”encaja sin problemas entendida como “operaciones de desinformación o divulgación de noticias falsas en internet con el objetivo de desestabilizar el modo de vida en España“.
Desestabilizar el modo de vida en España, ojo. Ahí es nada.


Prohibir el anonimato en Internet
Y con este escenario prefabricado de amenazas exteriores y enemigos megamalvados resulta fácil encalomar otras cositas de propina.
Un supuesto tarado soltó una tarugada  a Alicia Sánchez Camacho y esto sirvió de base para proponer acabar con el anonimato en las redes sociales. Los peperos no tienen medida.

Rafael Hernando le ha encargado a Camacho que empiece a llamar a la puerta del resto de grupos políticos para estudiar posibles cambios en la legislación actual para obligar a los usuarios a que se identifiquen con los datos de su DNI en internet.
Se plantean intentar legislar localmente algo de caracter global, además de un derecho fundamental. Otro cartucho mojado de estos catetos amantes de los tajos a las libertades que creo que no van a poder disparar.

Parecen querer olvidar que es muy simple descubrir la identidad de un usuario “anónimo” y casos hay a patadas. Así se ha juzgado tanto a personajes anónimos por amenazas  como a graciosos desconocidos por contar algún chiste. Aunque bien podría ser un nuevo bote de humo para comprobar hasta donde somos capaces de tragar “por nuestra seguridad”.

03 diciembre, 2017

Normópatas – Carlo Frabetti




La Haine - 2/12/2017

Rajoy repite sin cesar que quiere devolver la “normalidad” a Catalunya. Albiol quiere que en TV3 haya gente “normal”, y que en el 21-D participen candidatos “normales”

¿Es casual este nuevo mantra del PP? ¿Es normal que no paren de hablar de normalidad?

Lo lógico sería que los políticos supuestamente constitucionalistas y paladines del Estado de derecho apelaran a la legalidad; pero resultaría un tanto paradójico que los miembros del partido más corrupto de Europa, sobre los que no cesan de llover las imputaciones pese a la pertinaz sequía, abusaran de ese término peligrosamente autorreferente, y esa es una de las razones de que a veces lo sustituyan por otro más vago y menos comprometido.

La otra razón es que son normópatas. No hay más que verlos, repeinados y maqueados como comparsas de telenovela (que de hecho es lo que son). No hay más que oírlos. No hay más que leer sus biografías y sus antecedentes. ¿Y qué es un normópata? El prestigioso psicólogo mexicano Enrique Guinsberg lo define como “aquel que acepta pasivamente por principio todo lo que su cultura le señala como bueno, justo y correcto, no animándose a cuestionar nada y muchas veces ni siquiera a pensar algo diferente, pero, eso sí, a juzgar críticamente a quienes lo hacen e incluso a condenarlos o a aceptar que los condenen”.

Para el normópata, lo normal es que una familia la formen un hombre y una mujer, por lo que el matrimonio homosexual (y la homosexualidad misma) es una aberración. Para el normópata, siempre ha habido ricos y pobres, siempre ha habido reyes y súbditos, siempre ha habido obispos pederastas impunes, siempre ha habido brutalidad policial impune, siempre ha habido políticos corruptos impunes, y por tanto es normal que los ricos, los reyes, los obispos, los policías y los políticos sigan abusando impunemente de los demás. Y, consiguientemente, también es normal que quienes se oponen a estos abusos normalizados vayan a la cárcel.

La normopatía está muy cerca de aquella “banalidad del mal” de la que hablaba Hannah Arendt al analizar el caso de Adolf Eichmann, que no parecía un individuo especialmente retorcido o enfermo. Cometió sus horribles crímenes por el mero deseo de ascender en su carrera profesional (como la mayoría de los políticos), y, según repetía sin cesar en su defensa, se limitó a cumplir las órdenes de sus superiores. “Fue como si en sus últimos minutos resumiera la lección que su larga carrera de maldad nos ha enseñado –escribió Arendt–, la lección de la terrible banalidad del mal, ante la que las palabras y el pensamiento se sienten impotentes”.

Pero, aunque el pensamiento normópata de Rajoy, Albiol, Rivera y compañía sea impotente ante el mal y su terrible banalidad, nuestro pensamiento, nuestras palabras y nuestras acciones no lo son. No podemos aceptar su “normalidad” y no la aceptamos. No aceptamos su corrupción sistemática, ni su manipulación de la justicia, ni su brutalidad policial, ni su encarcelamiento de inocentes, ni su Constitución mordaza, ni su monarquía franquista, ni su españolismo casposo. Lo demostramos el 1 de octubre y seguiremos demostrándolo, hasta la victoria y más allá, hasta que sea normal ser diferente, hasta que sea normal librarse de los normópatas.