22 octubre, 2017

Cataluña no es mi problema – Javier Pérez de Albéniz



Pasan los días, pasan las semanas y los meses, y no se vislumbra una solución razonable a la llamada “deriva independentista catalana”. Pasa el tiempo y mi paciencia se agota. Cataluña no es mi principal problema, por mucho que intenten convencerme de ello el Gobierno y sus aliados, los periódicos, las televisiones y las radios. Mis problemas están mucho más cerca, a la vuelta de la esquina.

No creo en las fronteras, no creo en las banderas, no creo en la unidad de España, no creo en Europa como referencia económica o moral. Creo en la geografía como casualidad, como anécdota vital: nací aquí, pero muy bien pude haberlo hecho allí. Soy español, pero pude haber sido senegalés, ecuatoriano, australiano o chileno. Cuestión de suerte. Así las cosas, considero más importantes los problemas de alimentación, de salud y de vivienda, por poner solo algunos ejemplos, que los problemas de identidad, de banderas o de fronteras.

¿Cataluña? Perdone que cambie de tema pero, mientras hablamos de independentismo, el riesgo de pobreza y exclusión social en el lugar donde vivo, Castilla-La Mancha, ha subido un 1,2%. En 2016 afectó al 37,9% de la población, es decir, a unas 773.700 personas, de las que el 7,7% padecen pobreza severa. No quisiera parecer paleto o egoísta, puede llamarme demagogo, pero lo cierto es que me angustia enormemente la deriva económica, social y cultural que viven los que me rodean. Y me preocupa que todas las miradas, que todos los esfuerzos, se centren en cuestiones de historia, de ordenamiento, de Código Penal.

La pobreza y la exclusión social nos separan más que las fronteras y las banderas. Nos dejan no solo más aislados, sino más ignorantes, peor preparados, más indefensos. Nos alejan, de nuestros vecinos y de un futuro digno. ¿Estará alguien interesado en que aumente la brecha social, en que una mayoría sea cada vez más pobre, más inculta, más manejable? Tal vez desean que creamos que nuestros enemigos son los catalanes, no quienes han convertido este país en un nido de corruptos, en un ejemplo de desigualdad. Y que nuestro problema es Cataluña, y no el riesgo de pobreza y exclusión social que afecta, sin ir más lejos, a más de la mitad (54,6%) de las mujeres castellano manchegas. Pretenden que defendamos la bandera de España en lugar de la igualdad y la justicia social.


21 octubre, 2017

Qué es y quienes son los que "dividen a la sociedad"


Exclusión económica y social

“La creciente carga de deuda que soportan las familias empobrecidas conduce inexorablemente a una parte de ellas al impago de la vivienda, comprada o en alquiler, dando lugar a desahucios y lanzamientos, así como a las correspondientes ocupaciones de viviendas vacías ante la falta de una política habitacional que permita resolver tales emergencias”, afirman los autores del Barómetro. Otras veces se deja de pagar la luz, el agua o el gas, con el consiguiente problema del corte del suministro, o se producen situaciones de insolvencia para acceder a necesidades básicas como la alimentación, el vestido, el transporte o los gastos extraordinarios de educación y salud…

La negación de estos derechos básicos, compensados sólo parcialmente por las políticas sociales, son el corolario de la política económica seguida por España en las dos últimas décadas (antes, en y después de la crisis): mientras el stock de capital empresarial se ha multiplicado por cinco entre 1994 y 2015, los salarios han reducido su poder adquisitivo en un 10%, y la amenaza del paro y las reformas laborales regresivas han frenado la capacidad de reacción de la población asalariada”, prosigue el informe. Y añade: “Lo que es seguro es que continuamos inmersos dentro de la onda larga neoliberal que se inició en los años setenta del siglo pasado”.

Así, las relaciones de poder en el ámbito económico se extienden a las instituciones políticas y “quienes tienen dinero lo utilizan para comprar poder y manipular en su favor las leyes, normativas y políticas, generando una espiral de aumento de la desigualdad económica”. “Los incontables casos de corrupción política son un indicador de esta dinámica. De este modo, las decisiones de política económica –europeas y españolas– reman a favor de las grandes empresas y mercados de deuda transnacionales”

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19 octubre, 2017

Referéndum catalán: la alternativa es Nación o Lucha de Clase del proletariado






Hace casi cinco años publicamos un artículo (“España y Cataluña: dos patrias para imponer la miseria” [1]) en el que tomábamos posición frente a la multitudinaria manifestación que el 11 de septiembre de 2012 recorrió las calles de Barcelona reclamando la constitución de Cataluña como un “Estado propio” dentro de Europa, es decir independiente del Estado español. Denunciamos entonces que detrás de esa movilización aparentemente festiva y reivindicativa, se escondía en realidad una ceremonia de inmolación de los intereses de los explotados en aras del beneficio de los explotadores, una sumisión de las necesidades humanas de la inmensa mayoría de la población a las exigencias del orden capitalista. Como pusimos de manifiesto ya entonces: 

«El día 11 vimos a Felip Puig, conseller de Interior de la Generalitat catalana, impulsor de una violenta represión contra las manifestaciones masivas del año pasado, urdidor de turbias provocaciones policiales contra los manifestantes, desfilar rodeado amistosamente de sus víctimas, jóvenes parados o precarios. Vimos a 9 de los 11 consellers de un gobierno que ha sido pionero en aplicar crueles recortes en sanidad y educación, andar codo con codo con sus víctimas: las enfermeras o médicos que han perdido más del 30% de sus salarios o los usuarios que tienen que pagar un euro cada vez que van a la consulta. Vimos a patronos, policías, curas, políticos, líderes sindicales, compartir calle con sus víctimas: parados, trabajadores, jubilados, emigrantes… Una atmósfera de UNION NACIONAL presidió la concentración. El Capital se hizo acompañar por sus víctimas –la mayoría explotada– convirtiéndolas en tontos útiles de sus objetivos egoístas.».

En aquel artículo concluíamos que «El señor Mas ha prometido un referéndum, no sabemos qué preguntará, pero lo que sí sabemos es lo que pretenden tanto él como sus colegas españolistas: hacernos elegir entre 3 opciones a cuál peor: ¿Quiere que los ajustes y recortes se los aplique el Estado español? ¿Quiere que les sean impuestos en el marco de la “construcción nacional de Cataluña”? o ¿Quiere que se los propinen conjuntamente el Estado español y el aspirante catalán? El Capital en España cuenta con dos patrias para imponer la miseria: la española y la catalana».

Un embrollo hediondo.

El lustro transcurrido desde entonces en lo que se ha llamado “el procés” no sólo no ha servido para aliviar lo más mínimo la miseria y los sufrimientos (los recortes, los desahucios [2], los despidos, etc.) que ha sufrido la población trabajadora, sino que tampoco ha desembocado en un escenario en el que los diferentes protagonistas se aclaren con el papel ni la obra que aspiran a representar.

La antigua Convergencia i Unio (hoy rebautizada como PDeCAT para desodorizarse de la corrupción de los Pujol) se ve forzada a asumir el protagonismo del dicho “procés” independentista para evitar verse desplazada por Esquerra Republicana y presionada por las constantes sobrepujas de la CUP. Y aunque este radicalismo irrita grandemente a amplios sectores que tradicionalmente se veían representados por el nacionalismo “moderado” de CiU –que abarcan desde pequeña burguesía rural hasta sectores empresariales y financieros bien engarzados con el resto del capitalismo español[3]– y se suceden deserciones y purgas, eso no consigue frenar la carrera que Más y Puigdemont, cual Thelma y Louise[4], han emprendido hacia el vacío de un referéndum imposible. Por su parte ERC espera recoger los frutos de esta inmolación de los sectores tradicionalmente más “colaboracionistas” con el aparato político español, acentuando hasta el paroxismo el victimismo respecto a España, y reproduciendo el famoso “Roma Ladra” (Roma ladrona) de la ultraderechista Liga Norte italiana que se traduciría en el “Espanya ens roba”. Pero ¿quién roba a quién? No podemos olvidar que, en la sociedad capitalista, el robo fundamental y constituyente es la PLUSVALIA, es decir, que los capitalistas se apropian legalmente de una parte del trabajo de los obreros, la mayor, pues se calcula que de una jornada de 8 horas ellos se embolsan el producto de 6 o 7 horas de la misma. Los obreros, desempleados y jornaleros de Cataluña no roban a los de España y viceversa, sus hermanos de las demás regiones no roban a los que viven en Cataluña. Son los capitalistas –españoles, catalanes, “multinacionales”– los que SIEMPRE ROBAN a la clase obrera y a todos los oprimidos y explotados. Es asquerosa la demagogia que se llevan unos y otros, los capitalistas catalanes estigmatizando y culpabilizando a “los españoles en general” o, los capitalistas españoles crucificando a “los catalanes en general”. El dilema no es España / Cataluña, sino NACION o CLASE.

Porque esta fiebre que extiende los comportamientos erráticos e indisciplinados entre las facciones del aparato político del capital español se ha ido propagando a todas ellas. Se ve por ejemplo en el Partido Popular que quiere identificarse como el defensor de la “unidad de la patria” y sin embargo chalanea el respaldo parlamentario al gobierno Rajoy con concesiones discriminatorias a las diferentes regiones [5], que además suponen un agravio comparativo con las demás autonomías. El hecho de que además el Partido Popular quiera emplear en su “choque” contra el nacionalismo catalán todo el arsenal del Estado –desde el Tribunal Constitucional hasta el déficit público pasando por las “cloacas” del Ministerio del Interior– resta credibilidad a la idea de que las instituciones democráticas pudieran actuar como árbitros en los conflictos entre los distintos componentes de la clase explotadora.

Y lo que en un momento puede servir para hacer agachar la frente a los “díscolos”, aguijonea, más pronto que tarde, la contestación y la desconfianza, que ocasionan a su vez de nuevos golpes de autoridad. La muestra viviente de estos volantazos la vemos en la política del otro gran partido del capitalismo español, el PSOE, oscilante de los gobiernos junto a ERC e Izquierda Unida (2003-10) a cerrar filas con el PP contra el Referéndum amagado en 2014 y el anunciado para octubre de este año. Evacúa, una tras otra, propuestas de reformas constitucionales, comisiones, “mesas de diálogo”, etc., a cuál más vaga y ambigua, al mismo tiempo que sus líderes históricos (González y Zapatero que aparecieron recientemente del brazo de Aznar en un coloquio sobre el “desafío catalán”) y sus medios de comunicación más afines (El País, la SER), exhiben cual matones el arma del artículo 155 de la Constitución que faculta la suspensión de la autonomía. Este funambulismo del otrora partido más coherente de la burguesía española no solo les ha relegado electoralmente en Cataluña, donde son la 5ª fuerza política; sino que acentúa una imagen de falta de fiabilidad para el conjunto de la burguesía española, que ven por ejemplo como Sánchez lo mismo coquetea con Ciudadanos que se arrima interesadamente a ERC.

Detrás de este irresoluble embrollo lo que aparece es la crisis sin solución del sistema capitalista, en lo que hemos caracterizado como su etapa final de descomposición social. Como ya señalamos en el mencionado artículo de nuestra publicación en Setiembre de 2012: «En el plano político esta descomposición aguda se manifiesta en la tendencia a una irresponsabilidad creciente de las distintas fracciones de la burguesía, cada vez más enfangadas en el “cada uno a la suya” que con la agudización de la crisis se traduce en el “sálvese quien pueda”».

Los “nuevos” partidos, las viejas patrañas –democracia y nacionalismo–, más pestilentes en este escenario de descomposición capitalista.

En los últimos años han aparecido nuevos actores, que con discursos aparentemente “renovados” repiten, sin embargo, las mismas rancias patrañas que siempre han proclamado los explotadores. Primer mandamiento: los explotados deben confiar en los cauces del Estado creado por los capitalistas para asegurarse la explotación. Segundo designio: los intereses de clase del proletariado, que son comunes a todos los trabajadores del mundo, deben sacrificarse por el contrario al interés de “su” Patria, la cual no es otra cosa que la finca privada de “su” burguesía.

Entre estos destaca en primer lugar la CUP (Candidatura de Unidad Popular) formada en gran medida de los restos “recauchutados” del viejo izquierdismo estalinista y trotskista de los años 70[6], que han derivado hacia una mayor histeria patriotera, eso sí, de patria cada vez más chica, convirtiéndose, hoy, en los propagadores fundamentales de la mistificación nacionalista, queriendo hacernos creer en la compatibilidad de los” intereses nacionales” y los “intereses sociales”. Sus discursos en contra de los recortes sociales, la arbitrariedad policial contra los centros juveniles o los efectos negativos del turismo de masa sobre los trabajadores y otras capas sociales empobrecidas, son cortinas de humo para ocultar la cruda realidad: SON PRECISAMENTE ELLOS, LOS “RADICALES” DE LA CUP, QUIENES CON SU APOYO PARLAMENTARIO MANTIENEN CON VIDA EL GOBIERNO CATALAN QUE MAS LEJOS HA IDO EN LOS RECORTES SOCIALES, LA BRUTALIDAD POLICIAL Y EL TURISMO DEPREDADOR. Una vez más ¿Nación o Clase?

Está también Podemos, en sus diferentes versiones y sistemas operativos (Podem, En Comú, etc,) que presume de ser la cristalización del movimiento de los Indignados, cuando en realidad fue su saboteador y su falsificador[7]. Podemos tiene una gran dificultad para articular un discurso coherente sobre las “nacionalidades que coexisten bajo el Estado español”. Por un lado, tiene corrientes claramente nacionalistas y está coaligado con formaciones que son partidarias de la independencia de Cataluña, Galicia, etc.; en segundo lugar, cuenta con los llamados “anticapitalistas” que son los más numerosos entre los militantes activos y que propugnan la “autodeterminación nacional”; finalmente, cuenta con tendencias (en general las que se han ido incorporando en sucesivas oleadas desde el PCE) que defienden abiertamente la unidad de España.

Esta incomodidad le ha movido a especializarse en cambio en la propagación de la mistificación democrática: ¡lo que cuenta es que los ciudadanos voten! Aunque sea una pantomima [8] como quiere la propia alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que defiende el referéndum del 1 de octubre como una “movilización”, es decir una especie de “performance” democrática. Aunque Iglesias -secretario general de Podemos- defiende que se emplee el referéndum para dejar las cosas como están, o sea manteniendo la unidad territorial del Estado capitalista español. Lo que deberíamos defender, según los farsantes de Podemos, es el sacrosanto “derecho a decidir” de la población.

Ese aparentemente atractivo “derecho a decidir” es, en realidad, una de las hojas de parra del más peligroso veneno ideológico de los explotadores: la mistificación democrática de la “soberanía popular”. En abstracto, la población decide libremente su futuro. En realidad, la democracia es la tapadera de la Dictadura del capital. En el mundo falsario de la propaganda burguesa, los ciudadanos eligen la opción política que le procurará más trabajo, mejores prestaciones sociales, etc. En la dictadura capitalista real, el trabajador obtiene un empleo solo si acrecienta la acumulación capitalista, sólo tiene derecho a sanidad, educación, ocio, si con ello se incrementa la productividad general. Los capitalistas venden la ilusión de que tenemos en nuestras manos el “derecho a decidir” conscientemente nuestro futuro y el de nuestros hijos cuando en realidad el mundo se ve cada vez más gobernado por las leyes ciegas del capitalismo: la dictadura de la mercancía, la de la acumulación, la explotación y la concurrencia. Hablar de “derecho a decidir” cuando en el mundo de hoy millones de seres humanos sufren impotentes hambrunas, enfermedades, terrorismo y desastres ecológicos, es de un cinismo macabro. Y más aún cuando sobre la mayoría de la población se extiende una más que fundada sospecha en que, con el actual sistema social mundial, el futuro está ya decidido: la destrucción de la humanidad.

Pero ¿por qué en este contexto social, que es verdaderamente el de una etapa terminal del capitalismo, se ha desatado tamaña exacerbación nacionalista?, que vemos en Cataluña, pero también en USA o en Francia (con Trump y Le Pen en sus versiones más ultraderechistas). Lo vemos en Gran Bretaña con el “Brexit” y en Escocia (frente a Gran Bretaña). Una de las principales razones es que la nación, que es una realidad que el capitalismo impuso históricamente para superar la feudalidad, aparece hoy como una especie de refugio frente a la propia descomposición y caos social consecuencia, en realidad, de la persistencia del capitalismo. Detrás de ese eslogan tan apreciado en las filas de la CUP, o de Podemos, de “soluciones locales ante problemas globales” se dibuja una actitud claudicante ante problemas que sólo podrían ser enfrentados erradicando el capitalismo de la faz de la tierra. No existe posibilidad alguna de escapar del capitalismo en un país [9], menos en una región o comarca o en una comunidad local. Tras estas ilusiones no hay más que una llamada al sacrificio de los intereses de la población en aras de esa abstracción llamada “comunidad”, llamada “pueblo” o llamada “patria”.

Como señalamos en el mencionado artículo escrito, insistimos, hace ya cinco años, cuando alertábamos de los riesgos que la descomposición social, que se expresa a través de esta pulsión nacionalista, representa contra los trabajadores: «Pero el drama es que estas tendencias afectan y contaminan al proletariado que vive rodeado de la pequeña burguesía –caldo de cultivo de la descomposición social– y sometido a la presión que ejercen las conductas cínicas y corruptas de la clase dominante así como a la propaganda que esta difunde. El proletariado debe combatir los efectos de esta descomposición social, desarrollando los anticuerpos necesarios: a un mundo de competencia desenfrenada debe oponer una lucha solidaria; a un mundo que se disgrega en pedazos con gobernantes aspirantes a reyezuelos de Taifas, debe oponer su unidad internacional; a un mundo de exclusión y xenofobia, debe oponer su lucha inclusiva e integradora…»

El proletariado representa en cambio una perspectiva completamente diferente: «El proletariado tiene una fuerza fundamental frente al capitalismo: ser el productor asociado de la mayoría de productos y servicios. Pero tiene igualmente una fuerza cara a dar un futuro a la humanidad: el trabajo asociado que liberado de las cadenas capitalistas –el Estado, de la mercancía y del salariado– permita a la humanidad vivir de manera solidaria y colectiva, consagrada a la plena satisfacción de sus necesidades y las del progreso del conjunto de la naturaleza». (ídem)
Valerio

NOTAS

[2] Cabe señalar que en Barcelona han subido los alquileres un 11% en 2016 y ello bajo la alcaldía de la Señora Colau, la cual utilizó la Plataforma de Afectados por las Hipotecas como trampolín para alcanzar “altas metas políticas”.

[3] La burguesía catalana ha constituido siempre un baluarte del capitalismo español. Fue pieza capital del Estado burgués republicano en los años 30 del siglo XX, atravesó con bastante comodidad la etapa franquista viéndose generosamente recompensada con inversiones y subvenciones, y colaboró decisivamente en la transición democrática. No en vano el icono que sirvió para cerrar el pasaje desde la dictadura fue el famoso “ja soc açi” (ya estoy aquí) del ex presidente Tarradellas. Ya en la etapa democrática, Convergencia se ha convertido en la bisagra para apuntalar gobiernos sucesivos de UCD, del PSOE y del PP, a cambio de más inversiones y subvenciones que en buena parte han ido a los bolsillos del “pujolismo” que han creado con ellos una amplia red clientelar

[4] Película famosa en su momento (1991) donde las dos protagonistas huyen sin descanso de la persecución policial hasta verse finalmente atrapadas frente a un enorme precipicio.

[5] Que el Partido Nacionalista Vasco haya pasado de estar estigmatizado como el principal peligro para la unidad de España a “ejemplo de responsabilidad democrática” no es una manifestación de una solución de los problemas históricos de soldadura del capital español, sino de hacer de ellos un objeto de subasta, al albur de las contingencias del gobierno de turno, lo que acentúa los sentimientos de agravio comparativo entre las distintas burguesías regionales. Recientemente el gobierno del PP ha regalado significativas ventajas fiscales al gobierno vasco (o sea al PNV) mientras asfixia económicamente a las demás autonomías, y en primer lugar a la hiperendeudada Cataluña.

[6] Hijos políticos de aquellos que nos llamaron en los años 1970-80 a abandonar la autonomía de clase y a apostar por la “llibertat, amnistía, estatut de autonomía” como medio de ahondar las contradicciones de la clase dominante, son los mismos que nos llaman hoy a respaldar el “procés” como medio de “liquidar el régimen del 78” (véase su inmensa hipocresía) y, ¡cómo no!, para ahondar las contradicciones en blá blá blá.


[8] Hay que decir que esta “opereta” no tiene nada de cómica pues puede costarles a miles de trabajadores públicos el verse sometidos a sanciones y multa por parte de las autoridades españolas o a verse estigmatizados ante las autoridades catalanas

[9] Quienes sembraron la patraña del “socialismo en un solo país” fueron los antecesores políticos de todos estos partidos de izquierda e izquierdistas que utilizaron esta mistificación para sobrexplotar al proletariado en Rusia y otros países “socialistas” y para llevarlo a las masacres imperialistas de la Segunda Guerra Mundial, y las “luchas de liberación nacional” como mostramos en otro artículo de este mismo número de AP. Resulta muy significativo ver hoy como en una polémica recientemente mantenida en redes sociales entre Garzón (secretario general de Izquierda Unida) y Rufián (“starlette” de ERC en el parlamento español) y la CUP, ambos bandos han tirado del mismo repertorio de fraseología clásica del estalinismo, como por ejemplo el “derecho de autodeterminación de los pueblos” (cobertura ideológica del bloque imperialista Ruso para arrebatarle posiciones al bloque imperialista USA) o la “defensa de la patria socialista”

Artículo relacionado:

18 octubre, 2017

Otro inquietante vídeo de la propaganda viral.

"Help Catalonia": un hito de la propaganda viral tan inquietante como los vídeos de Kony y el Maidán. Por magnet / MOHORTE @mohorte


A estas alturas de la tarde es improbable que no te hayas cruzado con el vídeo de "Help Catalonia", un apasionado, emocional alegato de tres minutos y medio en el que una joven catalana explica al mundo por qué los acontecimientos en su región son tan graves y por qué necesita la ayuda de toda Europa, de todo el mundo. Top #1 en vídeos del momento de YouTube España, acumula más de 400.000 visitas.

El vídeo, innegablemente, es un éxito. Ha logrado colarse en el debate público de tal modo que todos los medios hemos tenido que hacerle caso. Ya sea aplaudiendo sus virtudes comunicativas o desmontando los múltiples hechos dudosos cuando no falsos que se vierten en su guión, "Help Catalonia" tiene el potencial viral para recorrer las cuatro esquinas de Europa y continuar ganando la batalla del relato a nivel internacional.

Producido por Òmnium Cultural menos de veinticuatro horas después de que su presidente haya sido enviado a prisión provisional por la Audiencia Nacional, hecho resaltado en el vídeo, "Help Catalonia" busca activar los resortes emocionales de su audiencia para que, en última instancia, se movilice en su favor. Es el último ejemplo de las virtudes (y de las muchas sombras inquietantes) de la propaganda política viral en pleno siglo XXI: el heredero de una larga tradición.



No hace falta remontarse demasiado en el tiempo para recordar vídeos semejantes. Òmnium no se ha comido la cabeza y ha generado un copycat de otro vídeo producido en su día por el Euromaidán.

Yo soy ucraniano. ¿Y tú?

Era 2014 y los activistas pro-democráticos de Kiev, que habían pasado meses ocupando las plazas de la capital ucraniana en protesta contra el gobierno de Yanukovych, tuvieron una idea brillante: ¿por qué no ganar el relato internacional tirando de todos y cada uno de los resortes de lo viralSurgió así este vídeo, en el que una joven ucraniana, en perfecto inglés, mostraba la desesperación de la lucha democrática emprendida por el pueblo ucraniano.
Aquella producción necesitaba de pocos aderezos democráticos: por aquel entonces Kiev vivía [escenas de violencia] (https://en.wikipedia.org/wiki/Listofpeoplekilledduring_Euromidan) inauditas en la Europa del siglo XXI (francotiradores y barricadas mediante) y el país se abocaría posteriormente a una larga y aún no resuelta guerra civil en el este que costaría la vida de más de 10.000 personas. Los hechos de Ucrania, por su violencia, por su carácter revolucionario, por su capacidad de teletransportarnos a una época ya superada, conmocionaron al mundo.



El vídeo, además, era muy inteligente: buscaba la pura empatía audiovisual a través de un guión simplificado interpretado por una joven cosmopolita con la que medio mundo podía identificarse. No era un relato gubernamental, no eran hechos crudos, no eran datos estadísticos: era un drama cotidiano enmarcado en palabras irrechazables como "libertad" o "democracia". El Maidán estaba pasando a la vuelta de tu esquina, venía a decir, y también te podría pasar a ti. Ponte en mi lugar.

Naturalmente, los hechos de Ucrania y de Cataluña poco o nada tienen que ver. Por un lado, los enfrentamientos entre el gobierno ucraniano y los manifestantes fueron extremadamente graves: el Maidán contabilizó 130 muertos y dejó escenas de batallas callejeras cuya iconografía remitía a la Gran Guerra Patriótica. La represión fue dura, tanto a nivel policial como militar, y en el plazo de tres meses la presión local e internacional provocaron la caída de Yanukóvich, que huyó del país.



El discutido golpe de Estado posterior, la creación de un nuevo régimen político y el estallido de la guerra en el Donbás redondearon una revolución trágica.

Ayúdame, soy como tú, sólo quiero libertad

Muy al contrario, la masiva movilización independentista catalana había causado cero problemas de orden público hasta el 1 de octubre de este mismo año. Cinco años de manifestaciones, protestas y votaciones libres en las que una parte de la población pudo expresar su voluntad sin cortapisas gubernamentales. La tónica cambió hace varios domingos, con las ya inolvidables imágenes de la Policía Nacional cargando en colegios plagados de votantes.

Fue un hecho aislado y, aunque violento, de una intensidad represiva baja (o al menos similar) en comparación con otros hechos acaecidos en la Europa moderna, como el propio Maidán, la movilización militar en el Ulster o las generalizadas protestas anti-globalización.

¿Cómo vas a estar en contra?

"Help Catalonia", sin embargo, utiliza los mismos resortes emocionales que el vídeo del Maidán: utiliza a una chica al punto del llanto que explica al mundo cómo una protesta pacífica y legítima, como es el derecho a votar en un referéndum libre, se ve coartada por un gobierno represor. Al igual que su inspiración ucraniana, presenta la lucha de un pueblo oprimido contra unas élites sordas. Y te apela a ti, porque, aunque no lo creas, te podría pasar a ti también.

De ahí que su mensaje tenga éxito (o pueda tenerlo) fuera de nuestras fronteras: su evidente simplificación de los hechos se traduce en píldoras emocionales, en imágenes de personas mayores sangrando a causa de los porrazos de los antidisturbios, fácilmente consumibles. Es una versión de los hechos con la que se puede empatizar. Con la que deseas empatizar. Que deseas comprar. Y que estás dispuesto a difundir.

Audiovisualmente, ni el Maidán y "Help Catalonia" han inventado nada. Los orígenes de tan impresionante, compartible y discutible práctica hay que buscarlos en el primer gran vídeo de manipulación política que utilizaba las herramientas de lo viral (empatía, universalidad, llamada a la acción), Kony 2012.

Kony: el origen del viral político-emocional

Aquel breve documental de treinta minutos irrumpió como un maremoto en las (snif) ingenuas redes sociales de 2012. Alcanzó los 70 millones de visitas en YouTube mucho antes que virales de reconocimiento histórico como el de Susan Boyle o el del oso panda estornudando, y se coló en la agenda mediática internacional con tamaña ubicuidad que, hoy, cinco años después de su fenómeno, lo recordamos más por su efecto/polémica que por los hechos que pretendía denunciar.



En Kony se juntaron las injusticias narradas por los documentales sobre África de siempre: violaciones, asesinatos, dictadura, un mundo en ruinas, pobreza extrema, el eterno sentimiento de culpabilidad del blanco occidental para con el continente africano, un malvado dictador fácilmente parodiable y un relato simplificado de fácil consumo que no exigía mayor documentación paralela. Envolvía un hondo problema político y social en una píldora memética emocional que invitaba a compartir.

Delia Rodríguez analizó en su momento las claves del éxito del vídeo en El País: la narración en primera persona, la lucha binaria entre el "bien" y el "mal", la utilización de las masas y las manifestaciones públicas en estadio reivindicativo y festivo, la explicación para niños de una problemática compleja y con múltiples aristas, y, ante todo, la apelación a las emociones a través de imágenes de opresión, injusticia, violencia policial, etcétera.

Todo ello también está presente en "Help Catalonia", además de los vectores básicos que han movido la imagen del procés de puertas hacia afuera: el "derecho a decidir" (un derecho es intrínsecamente positivo), la "democracia" (que nadie o casi nadie rechaza), y la "libertad" (code name para "independencia", mucho más universal y compartible). "Help Catalonia" es otro hito de la viralización del mensaje político y de la propaganda emocional.

De ahí que lleve instalado en los Trending Topics de Twitter desde el principio de la mañana. Da igual que sus hechos sean rebatibles, que su interpretación sea sesgada o que su manipulación sentimental, con la actriz al borde del llanto durante los tres minutos del vídeo, roce lo autoparódico. Su éxito radica en su viralidad. Y precisamente por eso es un éxito tan inquietante: porque desvela que el mensaje da igual, lo importante para el triunfo viral es el formato. Únicamente el formato.

Fuente: magnet / MOHORTE @mohorte

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Vídeo relacionado:
http://miguel-esposiblelapaz.blogspot.com.es/2017/10/help-catalonia.html


"Julian Grimau" - Alfonso Sastre













¡Otra vez esas radios extranjeras
vomitan contra España su veneno!
Salimos ahora al paso de ese trueno
explicando las cosas verdaderas.

No ha habido tal señor defenestrado
ni se empleó en su trato la tortura.
Tratósele con tacto y con dulzura.
Se le invitó a pasar a lo vedado.

Saludósele allí con cortesía.

Preguntósele por sus actividades
de manera correcta y muy humana.
Díjonos su opinión de la amnistía.

Dijímosle después nuestras verdades

y arrojose sin más por la ventana.

16 octubre, 2017

La "vuelta a las andadas" de la monarquía


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Párrafos extraídos del artículo «Reino de España: Por qué es necesario un referéndum sobre la monarquía» de Javier Pérez Royo
sin permiso 11/10/2017 (pdf)

[…]

La monarquía del discurso de Felipe VI el pasado 4 de octubre no fue la monarquía Parlamentaria de la Constitución, sino la monarquía Española de las Constituciones anteriores a la de 1978. La precedencia histórica de la monarquía sobre la democracia se colaba en nuestro sistema político.

El hecho de que nos encontremos ante una situación excepcional no sólo no justifica dicha inversión entre los principios de legitimidad democrático y monárquico, sino que debe conducir a lo contrario. Cuanto más difíciles son las circunstancias, menos se justifica la intervención de una magistratura hereditaria que carece, por ello, de legitimación democrática. El Rey en la Constitución es un órgano, pero no un poder del Estado, que no puede, en consecuencia, intervenir en el proceso político. Nunca, pero mucho menos cuanto más decisivo sea el momento.

La conducta del Rey Felipe VI no solamente supuso una vulneración de la Constitución y una deslealtad respecto del ejercicio del poder constituyente del pueblo español, que no por casualidad y de manera inadvertida puso el artículo 1.2 CE antes del 1.3 CE, sino que además desnaturalizó con ello la monarquía Parlamentaria regulada en la Constitución.

Lo hizo, además, con un discurso que supuso una ruptura con la neutralidad exigible a cualquier Jefe del Estado en una democracia parlamentaria, tanto en una República como en una monarquía, pero obviamente mucho más en esta última. Ningún Jefe de Estado en Europa con legitimación democrática, es decir, ningún Presidente de una República con la excepción del Presidente de la República Francesa, podría haberse dirigido a los ciudadanos en los términos en que lo hizo el Rey Felipe VI. En una monarquía Parlamentaria tal conducta es sencillamente inimaginable.

[…]

La "vuelta a las andadas" de la monarquía

Dadas las circunstancias en la que nos encontramos, es ilusorio pensar que lo que ha ocurrido en estos últimos años y en especial esta pasada semana no va a volver a ocurrir y que, de ahora en adelante, la monarquía se comportará como una monarquía Parlamentaria adecuada al concepto, como diría Hegel.

En el Derecho Constitucional, a diferencia de lo que ocurre en el Derecho Privado, no es necesaria la repetición reiterada de acontecimientos para que se constituya un precedente. Con una vez basta.

La autonomía de la que ha considerado que disponía el Rey Felipe VI para analizar la situación y adoptar la decisión que considerara pertinente, desconociendo la Constitución, alterando el orden establecido por el constituyente entre el principio de legitimidad democrática del Estado y el principio monárquico, y la desnaturalización que con ello se ha producido de la monarquía Parlamentaria, no son elementos menores.

Después de lo ocurrido esta semana, únicamente podemos ir a peor. Con la trayectoria de la monarquía a lo largo de toda nuestra historia constitucional nadie puede llamarse a engaño. Con Felipe VI la monarquía ha iniciado la “vuelta a las andadas”. Y ello no es compatible con un Estado democrático digno de tal nombre.
La sociedad española, si quiere vivir en una sociedad democrática, tiene que afirmar de manera inequívoca su voluntad constituyente sobre la monarquía, tiene que decidir sin ambigüedad de ningún tipo, que “tiene el derecho a adoptar la forma de gobierno que más le convenga”.

Y esto únicamente puede hacerse mediante un referéndum, en el que el cuerpo electoral pueda decidir si considera que la monarquía debe continuar formando parte de su forma de gobierno o no. Y en el caso de que optara por mantener la monarquía, definir a continuación con precisión cuál sería su posición dentro del sistema político.


No hay problema más importante ni tarea más urgente.

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Ernesto Rodera

15 octubre, 2017

LOS NUEVOS TOTALITARISMOS - Laura Vicente / Félix García Moriyón




La democracia actual poco tiene que ver con la res publica, es una democracia de libre mercado que se desdibuja a pasos agigantados frente a la burocracia global y que asume las funciones que los mercados le marcan. El mundo camina hacia la centralización, hacia la concentración del dinero y del poder, en definitiva, hacia nuevas formas de totalitarismo. Seguramente el control no será idéntico al del siglo pasado y es posible que nos aguarde, como señala Imre Kertész, un fascismo discreto con abundante parafernalia biológica, supresión total de las libertades [por supuesto por nuestro bien, por nuestra seguridad] y relativo bienestar económico en el mundo rico. 
Tampoco es descartable una guerra mundial que no pocos sociólogos llevan tiempo anunciando, aunque no pueda saberse aún quienes la librarán, quienes serán los principales oponentes. Los rostros del odio, del racismo, del machismo, del nacionalismo exacerbado cobran delante de nuestros ojos expresiones terribles (leamos las palabras de furia del discurso de Donald Trump en su toma de posesión como presidente o de Marine Le Pen o de Benjamín Netanyahu o de cualquiera de los líderes de extrema derecha que avanzan posiciones en diversos países europeos) y vuelve a experimentarse la embriaguez colectiva que tanto nos recuerda a lo ocurrido en la década de 1930. 
Quizás alguien pueda pensar que este panorama es exagerado y catastrofista, una reacción habitual que recuerda a otras muchas muy similares que se han dado en la larga historia de la humanidad; sin salirnos de nuestra tradición occidental, tenemos el apocalipsis cristiano, las reflexiones sobre la caída del Imperio Romano, los terrores del año 1000 y el Gran Miedo de 1789, por mencionar solo algunos. La apocalíptica anunciando grandes catástrofes ha gozado de cierta aceptación, si bien en algunos casos no se ha limitado al anuncio negativo, sino que ha propuesto también soluciones nuevas a esos males. 
Este dossier incompleto, como no puede ser de otro modo puesto que las causas de los nuevos totalitarismos son múltiples, ha puesto la mirada en un viejo conocido, el nacionalismo, que se nutre continuamente de pretensiones de totalidad y hambre de trascendencia. Nacionalismos de unión sagrada que igual afloran por la extrema derecha que por la extrema izquierda y que alimentan a sus seguidores/as con mitos que se aprovechan de la reserva emocional de personas afectadas por una grave crisis en Europa que está siendo desviada hacia el egoísmo de los ricos (personas o naciones con Estado o sin él), la insolidaridad, el racismo y el machismo, en definitiva, contra los débiles. También mira el dossier hacia el papel que desempeñan en esa evolución hacia el totalitarismo las nuevas tecnologías desarrolladas estos últimos años, y cómo se insertan (y posibilitan) un dispositivo de poder socio político que aúna la seguridad y la prevención en un escenario mundial de crecientes riesgos (supuestos o reales). Los peligros totalitarios de los expertos y tecnócratas en las democracias europeas y el protagonismo económico y político del capital financiero, con una destacada capacidad para imponer sus intereses, son otros aspectos sobre los que se centra este dossier. Y es necesario reflexionar sobre la penetración de los dispositivos del dominio en cada uno de nosotros, un dominio que padecemos ya en el control del cuerpo, pero que terminamos también ejerciendo. 
Eso es lo que explora otro de los artículos [pdf], señalando que es fundamental el rechazo del dominio desde nosotros mismo: decidirnos a no ejercer ni aceptar el dominio puede y debe ser la clave sobre la que pivote una alternativa revolucionaria. ¿Hay posibilidades de hacer frente a estos nuevos totalitarismos? Quién sabe. En todo caso, un enfoque desde la anarquía hace posible otra mirada, quizás otro mundo, ya que lo que la caracteriza es justamente el rechazo de todo principio absoluto, la afirmación de lo múltiple, de la diversidad ilimitada de los seres y de su capacidad para pensar y construir un mundo sin jerarquías, sin dominación, sin mitos que supongan dependencias.

14 octubre, 2017

MONOPOLIO




El Estado tiene el monopolio absoluto y arbitrario de:

La ley
Las normas
Las armas
Lo justo
Lo injusto
La violencia
El crimen
La verdad
La mentira
El fraude
La riqueza
El dinero
El saqueo
La medida
El reparto
Los fines
Los medios
El horario
El secreto
La información
El futuro
El presente
La realidad
La historia
La vigilancia
El orden
El desorden
La moral
La necesidad
El lujo
El gusto
El ocio
El trabajo
El territorio
Los límites
Las fronteras
Los alimentos
La salud
La medicina
La educación
La lengua
La ciencia
El pensamiento
El premio
El castigo
El vicio
La virtud
La seguridad
La inseguridad
La vida y
La muerte


Estado:
El Estado es una maquinaria mediante la cual se hace efectivo el poder político; y el gobierno es quien, en una primera aproximación, detenta ese poder, ya que está constituido por el conjunto de personas que manejan dicha maquinaria.
arbitrario, ria.
Del lat. arbitrarius.
adj. Sujeto a la libre voluntad o al capricho antes que a la ley o a la razón.
absoluto, ta.
Del lat. absolūtus.
adj. Independiente, ilimitado, que excluye cualquier relación.
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“Ser gobernado significa ser observado, inspeccionado, espiado, dirigido, legislado, regulado, inscrito, adoctrinado, sermoneado, controlado, medido, sopesado, censurado e instruido por hombres que no tienen el derecho, los conocimientos, ni la virtud necesarios para ello. 
Ser gobernado significa, con motivo de cada operación, transacción o movimiento, ser anotado, registrado, controlado, grabado, sellado, medido, evaluado, sopesado, apuntado, patentado, autorizado, licenciado, aprobado, aumentado, obstaculizado, reformado, reprendido y detenido. 
Es, con el pretexto del interés general, ser abrumado, disciplinado, puesto en rescate, explotado, monopolizado, extorsionado, oprimido, falseado y desvalijado, para ser luego, al menor movimiento de resistencia, a la menor palabra de protesta: reprimido, multado, objeto de abusos, hostigado, seguido, intimidado a voces, golpeado, desarmado, estrangulado por el garrote, encarcelado, fusilado, juzgado, condenado, deportado, flagelado, vendido, traicionado y por último, sometido a escarnio, ridiculizado, insultado y deshonrado. 
¡Eso es el gobierno, esa es su justicia, esa es su moral!”
Pierre-Joseph Proudhon